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jueves 13 mayo 2021

Publicaciones del museo

 

PortadaUNSAIN, J.Mª: "Estropadak. Carteles de regatas de traineras", Donostia-San Sebastián, 2005 [9 €]

 

 

 

IMÁGENES SOBRE EL REMO TRADICIONAL

Las regatas de traineras son algo más que un espectáculo o una práctica deportiva. Esta afirmación, que suena a tópico aplicable a muchas modalidades deportivas locales e internacionales, encierra una veracidad difícilmente cuestionable referida al remo tradicional de nuestro ámbito geográfico. La expectación y el entusiasmo que año tras año emergen en el Cantábrico en torno a las regatas de traineras responden, parcialmente al menos, a un sustrato de memoria y a un imaginario marítimo compartidos. En el remo tradicional se manifiesta simbólicamente la vaga conciencia colectiva de saberse miembro de una colectividad fuertemente ligada al mar. Más allá de la disputa concreta de tal o cual trofeo, la contienda de los remos presenta un halo mítico en la que se entrecruzan, en difusa amalgama, imágenes de la caza de la ballena, la pesca de bajura y la dura –a veces épica– lucha con el mar.

La documentación histórica viene a apuntalar algunas de esas construcciones mentales. Desde antiguo las chalupas balleneras competían unas con otras por alcanzar en primer lugar al gran cetáceo puesto que la lancha del “primer heridor” obtenía mayor beneficio y tenía, además, el derecho de elegir las embarcaciones que debían de ayudarle en la tarea de caza, transporte y descuartizamiento.

En la pesca costera la fuerza del remo ayudaba a alcanzar los bancos de anchoa o sardina y largar el cerco con la máxima rapidez. La velocidad era necesaria además para llegar a puerto con el pescado en las mejores condiciones de conservación y para obtener buenos precios en la subasta. El remo era también el instrumento que permitía escapar o salir bien librado de la furia de una galerna.

La construcción imaginaria fraguada en torno a las regatas de traineras no integra, por el contrario, la dura competencia de remo que se establecía entre las lanchas de atoaje (las que daban remolque a los buques de vela para facilitar su acceso a puerto). Vicente Tofiño en su Derrotero por las Costas de España (1798) señalaba que en los puertos de San Sebastián y Pasajes la lancha que se hacía cargo del remolque era la primera en llegar al buque que solicitaba el servicio. El resto de las embarcaciones podían ser admitidas o despedidas por el capitán, pero, en el mejor de los casos, recibirían menor retribución que la primera.

El recuerdo de la actividad remera de la mujer tampoco parece estar muy presente en el mundo, marcadamente viril, de las regatas de traineras. Aun cuando su labor de boga no estuvo circunscrita exclusivamente al barqueo –en determinadas épocas practicaron el atoaje y el transporte de cargas– resulta interesante rememorar la impresión que causaron al escritor Leonardo del Castillo las bateleras de Pasaia en 1660. Describiendo la estancia de Felipe IV en la bahía hizo notar que las barqueras podían equipararse “en agilidad y fuerza” a los hombres y dejó testimonio de una especie de contienda en la que unas trataban de adelantarse a las otras “comprando a costa de sus brazos la inútil victoria de los remos”. El cronista cerraba su comentario con otra displicente consideración: “No es nuevo en el mundo poner en la fatiga la vanidad”1.

El gran arraigo y la popularidad de las regatas de traineras se explica por la belleza intrínseca de las competiciones –especialmente las realizadas en mar abierto– y por lo que tienen de explosión de fuerza y energía vital. Pero, parcialmente al menos, su éxito se debe también a lo que tiene de sublimación de cierta idea, más mítica que histórica, de la relación de las comunidades del Cantábrico con el mar. Con mayor o menor intensidad según épocas y lugares, esta noción idealizada y simbólica estará presente en la práctica y la contemplación de este deporte.

Las regatas de traineras son sin duda una de las principales manifestaciones de nuestra cultura marítima. La fuerza arrolladora de la afición al remo es, con todo, virtud que desencadenó efectos reductores que hubiera sido deseable evitar. El protagonismo absorbente que adquirió el remo tradicional como referente de memoria ligada al mar y como deporte náutico, cercenó las posibilidades de supervivencia o prolongación en el ámbito del deporte o el recreo marítimo de otras prácticas náuticas de raíz histórica.

Olvidando que las embarcaciones de pesca tradicionales eran de propulsión mixta, a remo y vela, con preponderancia de uno u otro sistema según el caso, la navegación deportiva a vela quedó limitada al elitista mundo de los clubs náuticos. Los intentos de organizar regatas a vela o a remo y vela con embarcaciones tradicionales existieron, pero no llegaron a consolidarse. A falta de un estudio histórico sobre estas competiciones y sobre las causas de su desaparición apunto algunos datos inconexos. En San Sebastián se celebraban regatas de bateles de pesca, exclusivamente a vela, en 1880-812. Por esos años se hacían en la desembocadura del Nervión regatas a vela y remo con lanchas de pesca y de atoaje3. En 1901 se celebraron en Santoña regatas en tres modalidades: “yates a la vela”, “traineras” y “lanchas de altura a la vela”4. Todavía en la segunda década del siglo se celebraban en San Sebastián regatas con “lanchas caleras” pero el remo ya era en éstas el único sistema de propulsión5.

Lámina homenaje
Lámina de homenaje a la trainera de San Sebastián que venció a Ondarroa en la famosa regata de 1890. Colección Untzi Museoa-Museo Naval

Primeras representaciones gráficas. El siglo XIX

La más antigua representación conocida de una competición de remo tradicional es la litografía impresa en San Sebastián, obra de Fidel Múgica de mediados de siglo XIX. Se muestra en ella una regata de traineras en la bahía de La Concha en composición claramente basada en el grabado que plasmaba la llegada de Napoleón III y la emperatriz Eugenia a la ciudad, realizado por R. Bouquet y A. Guesdon (versión litográfica a su vez de un óleo de Bouquet de 1857). El modesto trabajo litográfico de Múgica respondía a un doble objetivo: mostrar la regata y resaltar la belleza del escenario geográfico. En el ejemplar de este grabado que conserva el Museo San Telmo de San Sebastián figura escrito a mano el año de 1860, datación que resulta verosímil por aproximarse a otros trabajos de este autor.

Vendría luego el grabado de Bernardo Rico sobre dibujo de Tomás Campuzano que hace referencia a la regata entre Ondarroa y Pasajes de San Pedro celebrada en aguas de Getaria en 1888. Fue publicado en diciembre de ese año en La Ilustración Española y Americana , conocida revista ilustrada que se editaba en Madrid. En este grabado la voluntad periodística, informativa, prima sobre la artística tal como delata la superposición de dos escenas de la regata en un mismo encuadre. El grabado muestra el comienzo de la regata y –en recuadro menor– el vapor “Siglo” regresando con los remeros de Ondarroa, vencedores de la contienda. La calidad característica del dibujo de Campuzano se aprecia sobre todo en este último.

El semanario festivo donostiarra La Galerna incluyó en el número publicado el 14 de septiembre de 1890 un grabado sobre la regatas de San Sebastián de ese año, obra de Federico Álvarez “Efea”, asiduo colaborador de la publicación. La composición integra dos temas principales: las traineras en plena competición y el público que asiste al espectáculo. Como elementos complementarios la efigie de Luis Carril, patrón de la trainera donostiarra con el laurel de la victoria, el pergamino con los nombres de los remeros triunfadores y el escudo de la ciudad. Las limitaciones gráficas de Efea se evidencian sobre todo en la torpe definición de las traineras sobre el mar, pero ha de reconocerse el valor documental de su trabajo.

En diciembre de ese mismo año tendría lugar una regata entre ondarreses y donostiarras que alcanzaría proporciones míticas. El desafío despertó pasiones y apuestas que llevaron a muchos a la ruina. La trainera de Donostia resultó vencedora y los remeros y el patrón fueron recibidos en su ciudad en medio del clamor popular. La Ilustración Española y Americana dio fe del acontecimiento en un grabado a toda página de Bernardo Rico sobre dibujo de Joaquín Sorolla que se publicó el 15 de diciembre de 1890 con el título “Ovación tributada por el pueblo al patrón de la trainera vencedora”. La efusividad del momento, expresivamente captada en el grabado, fue descrita así por el escritor Antonio Peña y Goñi: “Cuando la trainera entró en el muelle, una aclamación delirante, un alarido, hizo temblar al barrio de la Jarana. Todo San Sebastián estaba allí, ebrio de júbilo. Los hombres se abrazaban, lloraban y bailaban las mujeres, los cohetes hendían el espacio (…)”6.

Y es que esta regata de 1890 tuvo un significado especial. Según Peña y Goñi “aquella estropada colosal representaba la honra de la casa, la dignidad de la provincia, el dinero, los muebles, las lanchas, las ropas, el amor propio, la destreza, la energía, el valor, el cuerpo y el alma empeñados en la gran lucha (…)”. Dada la relevancia de esta regata no extraña que se editara una lámina en homenaje a los remeros triunfadores.

Esta lámina, impresa en tricromía, presenta una amalgama de elementos gráficos entre los que figura una imagen alegórica de la victoria, la representación de la trainera donostiarra levantando los remos en señal de triunfo, dos vistas de San Sebastián (una antigua y otra moderna), el edificio del casino recién construido, además de una cartela con los nombres de los remeros situada junto a una nave que afronta una tormenta y el escudo de la ciudad aderezado con panoplia de objetos de uso naval. También presenta, configurando un collage precursor, una foto de la trainera ganadora firmada por L. Ducloux. Encabezando la lámina se lee: “Loor a los valientes remeros donostiarras por la regata ganada a los ondarreses por un minuto y veintiocho segundos de ventaja en un recorrido de 10 millas ”.

La Ilustración Española y Americana presta atención cuatro años más tarde a una regata de remo celebrada en La Concha , pero no se trataba esta vez de traineras sino de una competición entre los guardiamarinas del “Nautilus”, buque escuela de la Armada española. Las embarcaciones utilizadas fueron una lancha del “Nautilus” y una escampavía de Getaria. El grabado publicado el 8 de agosto de 1894 se basaba en una fotografía de Fernando Colmenares.

Sin abandonar el marco decimonónico hay que mencionar una ilustración sobre las regatas de traineras en San Sebastián que publicó Blanco y Negro el 26 de agosto de 1899. Se trataba de un estimable trabajo de Enrique Estevan, firma habitual en la revista ilustrada madrileña.

Representaciones pictóricas e ilustraciones de la primera mitad del siglo XX

La fuerza absorbente del remo en el ámbito de las competiciones náuticas de origen tradicional parece proyectarse hacia otros ámbitos de expresión cultural. En la pintura y la expresión gráfica generada en el País Vasco, salvo excepciones, la gente de mar está representada por los pescadores y estos aparecen significados muy frecuentemente como gente de remo. El pescador con remo sobre el hombro o apoyado en el suelo a modo de lanza deviene en arquetipo de hombre de mar, un icono étnico recurrente en la obra de muchos artistas vascos: desde los Zubiaurre, Arteta y Tellaeche hasta Martínez Ortiz o incluso Ibarrola. El pescador y su remo estará también presente en la fotografía de carácter pictorialista: José Ortiz de Echagüe, Sigfrido Koch… El omnipresente tema alcanza al ámbito de las expresiones populares derivando las más de las veces hacia la producción kitsch dirigida al mercado del souvenir y de la afirmación identitaria.

Las velas de las lanchas de pesca aparecen con frecuencia en la obra de Ugarte, Tellaeche, Arteta o los Zubiaurre, pero la combinación de vela y remo característica de las embarcaciones tradicionales no figura en la representaciones gráficas o pictóricas salvo excepciones. Es el caso de Despedida de las lanchas (c. 1915-1917) o Chalupa con remeros (c. 1913), óleos de Aurelio Arteta7.

En contraste con el interés e incluso el fervor despertado por las regatas de traineras como espectáculo, las representaciones pictóricas sobre el tema no abundan. Entre las más antiguas está el óleo de Ignacio Ugarte, Traineras (c. 1906). Por el trazo abocetado que presenta se supone que se trata de una obra inacabada o preparatoria para un trabajo posterior, pero los valores pictóricos de la misma son indudables y hacen de ella una pieza muy apreciable.

Manuel Losada pintó hacia 1912 un óleo de buena factura titulado Los remeros , que representa una regata de traineras ante el magnífico paisaje del cabo de Ogoño, junto a Elantxobe. Este lienzo fue donado por Resurrección María de Azkue al Museo de Bellas Artes de Bilbao en 1945.

Una obra sobre el tema que presenta singular atractivo es el óleo de Ramón de Zubiaurre titulado Regatas . Envuelto en una atmósfera irreal e ingenuista sorprende en él el plano intermedio con el mágico despliegue de velas al tercio de las chalupas de altura.

Ramón de Zubiaurre fue autor también del cuadro Los remeros vencedores de Ondárroa que presentó en una exposición colectiva organizada en Madrid por la Asociación de Artistas Vascos en 19168.

En las décadas de 1920 y 1930 parece que el tema de las regatas no fue motivo de inspiración pictórica. Hacia 1944 Elías Salaverría pintó dos óleos titulados respectivamente Regatas y Traineras en los que, con su anacrónica pero sugestiva y evocadora manera de hacer, muestra a los remeros en pleno esfuerzo, en medio de un mar inquietante. El último de los mencionados, propiedad del Museo San Telmo de San Sebastián, fue utilizado como imagen para el cartel de las regatas de La Concha de 1990.

Este cuadro de Salaverría debió servir posiblemente de referencia a Pablo Tillac para efectuar el dibujo que incluyó como ilustración en el libro de Pierre Rectoran, Corsaires basques et bayonnais (Bayona, 1946). En todo caso hay que hacer notar que el anuario donostiarra Ciaboga , primera publicación periódica sobre remo publicada en España, incluyó en portada –por lo menos desde 1943–, un dibujo anónimo de regata de traineras que mantuvo durante varios años y que presenta claras semejanzas tanto respecto al dibujo de Tillac como al cuadro de Salaverría. Queda pendiente por tanto dilucidar el orden de salida de estos trabajos.

Regatas de traineras Enrique Ortiz de Urbina. Regatas de traineras, San Sebastián, 1932. Lit. Alvarez y Olive. Colección Untzi Museoa-Museo Naval. 118x93 cm.

Carteles de remo

El mundo taurino es sin duda el que cuenta en el País Vasco con una más larga tradición en el uso del cartel. La utilización de este sistema publicitario para anunciar eventos deportivos no parece que tuvo relevancia gráfica hasta la década de 1920. En esa década coincide un considerable auge de los espectáculos deportivos con el desarrollo del diseño gráfico aplicado al cartel.

En relación al cartel de regatas de remo tradicional hay que comenzar señalando que el intento de ofrecer una evaluación ponderada de las características y calidad de su trayectoria histórica choca con las contadas muestras conservadas. La naturaleza efímera del cartelismo, escasamente valorado como expresión cultural hasta tiempos recientes, explica que hayan sido pocas las piezas conservadas y que existan notables lagunas para el conocimiento de determinados periodos.

Según Rafael Aguirre Franco es en 1924 cuando “se edita por primera vez un cartel artístico” sobre el tema9. En ese año la Comisión de Fomento del Ayuntamiento de San Sebastián se dirige a Aurelio Arteta, ya entonces reconocido pintor, para realizar el cartel de regatas. El trabajo que presenta Arteta, con un vigoroso remero por tema central, gusta sobremanera y se utilizará para otras ediciones de los años veinte y treinta. El primer cartel se imprime en Artes Gráficas Elexpuru Hermanos, de Bilbao, pasando luego, en años sucesivos, a editarse en la prestigiosa empresa Laborde y Labayen de Tolosa. Dado que sólo se conserva la edición de 1930 no podemos asegurar que no haya habido variaciones tipográficas o de otro tipo en años sucesivos. Cabe señalar que en el cartel de 1930 el faldón rotulado se encuentra aislado de la imagen y tiene una proporción excesiva. Sin cuestionar la fuerza expresiva del dibujo, comparado con otros carteles de Arteta –el realizado para el diario Euzkadi por ejemplo– éste de las regatas de 1930 no puede considerarse como un trabajo depurado. ¿Se limitó el gran artista bilbaino a enviar el dibujo abocetado que hoy conserva el Museo San Telmo?

Con su porte heroico y retador el remero de Arteta tiene algo de proclama de exaltación étnica. En el contexto de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) el cartel tendría muy probablemente claras connotaciones políticas. Pero en esta obra se percibe también el influjo del clasicismo “noucentista”. Desde una óptica mediterraneísta e idealizada, forzando la imaginación, los remeros podían transformarse en atletas de la Grecia clásica. En interpretación literaria efectuada años más tarde, José María Salaverría veía en la expresión de los remeros vencedores “un valor de episodio homérico, olímpico, estatuable”10. La visión artetiana parece pues coincidir con la del escritor donostiarra.

El éxito de Arteta fue rotundo. Los editores de Ciaboga utilizaron su dibujo como portada durante varios años e incluso manifestaron su apoyo incondicional a la reedición del cartel en 1933: “Arteta puede sentirse orgulloso de su trabajo. Hace ya muchos años que admiramos el cartel del famoso pintor vizcaíno. Cartel hermoso este de Arteta. Es, en efecto, la más completa alegoría. Hay colorido, perfección de líneas y una sensación de virilidad que encanta”11.

Menos suerte tuvo el autor del cartel de 1928, Amadeo G. de Lloreda, ganador de un concurso restringido. Ciaboga se mostró implacable esta vez: “Pero, ¿qué es eso? ¿un hombre con una escoba? ¿Y qué hace? ¿Espaldear? ¿Patronear? ¿Remar?. Nadie sabe lo que hace, porque todo está muy mal hecho y peor interpretado. Señores que birria. Y que eso se reparta por la costa cantábrica…¿Qué van a decir por ahí?”

Acaso por efecto de la crítica el Centro de Atracción y Turismo de San Sebastián presentó en 1929 un cartel de calidad del que afortunadamente ha sobrevivido un ejemplar. Su autor fue Eduardo Lagarde, arquitecto, dibujante y pintor donostiarra que entre los años 20 y 30 realizó algunos carteles que figuran entre los mejores del género realizados en el País Vasco. Recogiendo influjos del art déco, el cubismo y el futurismo Lagarde busca en carteles y murales la simplificación geométrica de las formas y la articulación de tintas planas en vivo contraste. La modernidad de su cartel de regatas se aprecia también en la aplicación de una tipografía atenta a las tendencias de la época.

Por encargo directo, Enrique Ortiz de Urbina realiza un atractivo cartel de regatas para La Concha de 1932 recibiendo la aprobación retrospectiva de Ciaboga , que elogió el cartel “por su vistosidad y sobre todo, por la novedad de ambiente que supo recoger”. Ortiz de Urbina obtuvo premios en los certámenes de Artistas Noveles, organizados por la Diputación de Gipuzkoa en la sección de Arte Decorativo en 1931 y Arte Aplicado, en 193312. Posteriormente desarrolló una extensa actividad como dibujante publicitario.

La producción de carteles de regatas de traineras no giró exclusivamente en torno a la bahía de La Concha. Así lo pone de relieve el cartel de las regatas de Bilbao de 1935, obra de Luis Lasheras Madinabeitia, uno de los mejores diseñadores gráficos vascos de la época. Del cartel se conserva sólo una reproducción en bitono –incluida en la voz “regatas” de la Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco –, pero es referencia suficiente para apreciar la gran calidad del trabajo y su parentesco con el dibujo de Arteta antes comentado.

De la década de 1940 sólo contamos con el testimonio de un cartel impreso en San Sebastián, que, curiosamente, alude a una regata que iba a celebrarse en Santander. La victoria de Pedreña en La Concha en 1946 levantó ampollas en la afición local y el Campeonato de España, que se disputó en octubre del mismo año en el abra de El Sardinero, puso a prueba “el prestigio del remo guipuzcoano”. Orio, única trainera de Gipuzkoa invitada a la prueba, obtuvo sobre los cántabros una ventaja de 12 segundos. Antonio Valverde realizó para la ocasión un acertado cartel en el que un remero oriotarra se transfigura en esforzado paladín dispuesto a acudir a la justa de honor.

Al buen hacer del pintor e ilustrador Antonio Valverde se deberán varios buenos carteles de regatas de los años 50. Entre el colosal patrón de trainera, protagonista de uno de los carteles que hizo para las regatas de La Concha en 1956 (?), y el mencionado remero de Orio, se aprecia una evolución hacia la simplificación formal y un sentido monumental que por esos años se prodiga en la pintura mural.

Pero Valverde sabe trabajar en otros registros. Queda esto patente en el cartel de 1951 donde recrea el animado ambiente de las regatas con un tratamiento ingenuista en figuración y colorido. Este cartel y el mencionado de 1946 se imprimieron en Gráficas Valverde, firma de la que Antonio Valverde fue director artístico y gerente. El papel de esta empresa en el ámbito de las artes gráficas de la época debió ser equiparable al que desempeñó Laborde y Labayen de Tolosa en décadas anteriores.

Junto a los trabajos de Valverde dan muestra de la creatividad de los años 50 dos magníficos carteles para las regatas de San Sebastián que llevan respectivamente la firma de Calparsoro y Casla.

El de José Calparsoro, obra de 1953, es una muestra de depurado lirismo que se hace eco del inigualable ambiente festivo de las regatas de Donostia. La excelencia de este trabajo invita a saber más a cerca de su autor. Pintor y diseñador gráfico natural de Echarri Aranaz (Navarra), trabajó en Gráficas Laborde y Labayen y obtuvo primeros premios en concursos de carteles como el de las Fiestas de San Fermín de 1943. Su rastro se pierde en Venezuela donde vive desde 195313.

El realizado por Carlos Casla en 1955 sorprende por la modernidad y carácter abstracto de su propuesta mostrando puños y remos tensionados en diagonales cruzadas. Su autor era entonces un joven estudiante de arquitectura que probaba suerte enviando su cartel al concurso organizado por el Centro de Atracción y Turismo. Fue un trabajo ocasional que no tuvo continuidad puesto que la actividad profesional de Casla fue la arquitectura14.

Regatas de trainerasAntonio Valverde. Regatas de traineras, San Sebastián, 1951. Gráficas Valverde. Colección Untzi Museoa-Museo Naval. 89x61,3 cm.

Los años 60 y 70 fueron para las artes visuales un periodo de efervescencia, pero, sorprendentemente, no hemos localizado carteles de regatas de ese periodo que presenten interés en cuanto a diseño gráfico. Cabe esperar que con el tiempo aparezcan los eslabones perdidos.

Al parecer fue en la década de 1970 cuando se extiende la utilización de la fotografía como base para la elaboración del cartel. Este fácil recurso se prodigará en exceso traduciéndose en una pérdida de creatividad en las últimas décadas y en la actualidad. Una foto de regatas más o menos lograda y un rótulo en faldón o superpuesto a la imagen resuelven la necesidad o la tradición –mantenida acaso por inercia– de contar con un cartel.

Sería injusto en todo caso pasar por alto carteles que parten de un trabajo fotográfico más que notable. Fue el caso de la audaz propuesta del Hilario Muñoz para el cartel de las Regatas del Centenario de La Concha celebradas en 1979 con una imagen que tendía a la disolución formal. Fotógrafos de prestigio como Alberto Schommer o Sigfrido Koch Arruti también aportaron su trabajo para los carteles de la gran regata donostiarra de 1980 y 1982, respectivamente15. Entre los carteles fotográficos de La Concha de las últimas décadas hay que destacar algunos con la firma de Jorge Alkorta (1987), Javier de Juanes (1992) y Juan José Camacho (1998).

Como cartel de regatas atípico es de mencionar el de Carlos Zabala “Arrastalu” de 1981 con un trabajo pictórico de corte fantástico u onírico. Aún cuando la imagen utilizada posee indudable atractivo cabe cuestionar su idoneidad para publicitar una competición deportiva.

Por último destacaremos el trabajo de Tomás Hernández-Mendizábal, conocido pintor y diseñador gráfico vinculado profesionalmente a Gráficas Valverde. Para las regatas de San Sebastián de 1989 presentó una lograda propuesta, de gran fuerza expresiva en su simplicidad gráfica y tipográfica, que fue descartada para optar por un cartel fotográfico de escaso interés.

Por las muestras que han sobrevivido cabe decir que a lo largo de los años las regatas de remo tradicional han inspirado un apreciable número de carteles que conjugan con sumo acierto valores comunicativos y de expresión gráfica. Configuran un acerbo cultural que debería enriquecerse con nuevas obras. La revisión de estructuras y procedimientos de gestión de recursos, encargos y concursos para la producción de carteles relacionados con este singular aspecto de nuestro legado marítimo revertiría sin duda en aumento de la creatividad y la calidad de las obras presentadas.

NOTAS

1 José María Donosty, “San Sebastián en tiempos de Felipe IV”, Boletín de Información Municipal de San Sebastián, nº 5, Enero-Marzo 1960, p. 12.
2 Rafael Aguirre, Donostiako estropadak. Regatas de La Concha (1879-2001), Kutxa Obra Social, San Sebastián, 2001, p. 257.
3 José Luis Robertson, Zierbanako Arraun Elkartea. Ehun urte baino gehiago arraunean. Más de cien años bogando, Ayuntamiento de Zierbena, Bilbao, 2002. p. 63
4 Programa de mano facilitado por Iñigo Fernández.
5 En la regata de lanchas caleras de 1909 participaron embarcaciones de Hondarribia, Mutriku y Donostia con 22 remeros por embarcación. En 1911 solo participaron tres lanchas de San Sebastián. Según explicaba “un joshemaritarra” en el anuario Ciaboga de 1925 las regatas con lanchas caleras despertaban el interés del público, pero dejaron de celebrarse porque en el transcurso de los años estas embarcaciones habían ido desapareciendo. En el puerto de San Sebastián había todavía alguna calera hacia 1923 y en los de Ondarroa y Lequeitio se veían todavía en 1925.
6 Antonio Peña y Goñi, “Dos fechas”, Euskal-Erria, 1892, p. 380.Sobre esta regata puede verse el trabajo de Olga Macías, “Donostiarras y ondarreses: el gran reto de traineras de 1890, Itsas Memoria. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, nº 4, 2003, pp. 629-637.
7 Edorta Kortadi, Aurelio Arteta y el mar, Museo Nicanor Piñole, Gijón, 2000.
8 Pilar Mur, La Asociación de Artistas Vascos, Museo de Bellas Artes de Bilbao, Bilbao, 1985, p. 242.
9 Rafael Aguirre, op. cit., p. 303.
10 José María Salaverría, “Los remeros olímpicos”, Ciaboga, 6 de septiembre de 1942.
11 “El cartel de regatas”, Ciaboga, 10 de septiembre de 1933.
12 “Ortiz de Urbina, E.”, Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, Ed. Auñamendi, San Sebastián,
13 “Galparsoro, José”, Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, Ed. Auñamendi, San Sebastián,… ; Maya Aguiriano, Gipuzkoako kartelgintza. Cartelismo guipuzcoano (19228-1948), Aramburu Jauregia, Tolosa, 1997.
14 La foto de Koch había sido publicadas con anterioridad en el libro Itxaskaria. Los eúskaros y el mar, Petronor, 1978.


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